Una muesca en la sierra de Balcarce da nombre al proyecto. La casa se vincula con el paisaje a través de su lectura. Su cubierta, formada por seis bóvedas de hormigón, proyecta una sombra continua que organiza la vida interior y exterior. A la vez, actúa como contraforma de la montaña: un recorte del horizonte hacia el oeste, donde el sol poniente y las sombras del atardecer ingresan en la vida cotidiana. Debajo de esa cubierta se disponen los usos, los patios y las relaciones entre el sector social y una galería interior protegida, que funciona como expansión de los dormitorios, circulación y estudio. Muros de ladrillo blanco resguardan del viento sur, forman bancos, filtros y espesores habitables, y permiten que los patios se integren bajo la cubierta. Cada apertura introduce una variación: un árbol, una sombra, una porción de cielo o un perímetro que contiene el interior.